Valoración: Frío,frío
Fiona es una mujer próxima a cumplir 60 años habituada a tomar decisiones salomónicas, lo requiere su trabajo dado que es jueza de familia. Fiona ha tenido varios casos difíciles a lo largo de su carrera de los que ha salido airosa y que le han proporcionado prestigio y reconocimiento profesional, así que Fiona no teme enfrentarse a su último caso: un menor testigo de Jehová gravemente enfermo que se niega a recibir una transfusión de sangre imprescindible para tratar su enfermedad y sin la cual morirá. Fiona estudiará el caso, buscará entre manuales los artículos adecuados y, analizando la jurisprudencia, dictará un auto ejemplar que le permitirá seguir con su confortable vida de jueza. Sin embargo, todo se complica cuando su marido le comenta que va a tener una aventura con una mujer más joven y con más ganas de tener relaciones sexuales de las que ella tiene, ningunas.
Este es, a grandes rasgos y sin spoilers, el planteamiento de la novela. Y parece interesante: dilemas éticos, dilemas morales, crisis de edad... El problema es que McEwan los resuelve de una manera excesivamente aséptica, con un exceso de información sobre el funcionamiento de los tribunales y la ley británica que le dan al libro un tono más periodístico que literario, y una construcción de los personajes un tanto superficial. No hay manera de empatizar con ellos, el marido parece una parte de un decorado, el menor tiene unas reacciones inexplicables - McEwan no las explica- y Fiona... Fiona me recuerda a Angela Merkell.

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